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"De nueva Cuenta se puede sentir de nuevo el Amor, sin la ilusion de los ojos cerrado, sino bien abiertos"

Algunas personas quedan muy lastimadas después de haber sufrido algún tipo de decepción amorosa en el pasado. Eso les significa no volver a tener una relación normal en el futuro. Existen quienes tienen miedo de volver a amar y no pueden 
comprometerse seriamente con el amor que se encuentra en puerta.
                
Volver a emparejarse seriamente, después de un a separación amorosa, genera muchas ilusiones. Tantas, que a veces a las personas se les nubla la  vista y no dimensionan la complejidad del compromiso que están asumiendo. Se  olvidan, por ejemplo, luego de un divorcio, que lo que se puede estar adquiriendo es un paquete completo, y que junto con la flamante nueva media
naranja vienen incluidos hijos postizos y un ex cónyuge, en el caso de rupturas amorosas de buen numero de años.

Emocionados por comenzar otra vez, no le toman realmente el peso al hecho que un solo round se convertirán no solo en  consortes, sino también en progenitores de hijos ajenos, y en parientes obligados de otra familia que antecede a la nueva que están  formando. Así de desafiante. Y de enredado.
                
Si, el amor eleva y enriquece, pero también implica un desafío, el mas importante: no olvidarse de uno mismo. Una lección que se debe tener no solo perfectamente aprendida, sino también resuelta. Volver a amar es un acto de humildad, en el que de nueva cuenta se abren las emociones para complementarse con la otra parte, la media naranja. Volver a amar implica haber dejado atrás esas emociones encontradas hacia la persona que se fue, además de hallarse de nueva cuenta con la propia individualidad. Sin embargo, volver a amar con la misma ilusión, aquella que se vive con los ojos cerrados, volver a amar es una
decisión que se elige experimentar pero, ahora, con los ojos bien abiertos.
    
Saber amar es todo un arte, y el arte de amar se aprende solo amando una y otra y otra y miles de veces mas. Hay que intentarlo…¡hasta que aprendamos a amar! Evitando, por supuesto, tropezar dos veces con la misma piedra, quitémosla
del camino y sigamos de frente sin necesidad de rodeos, y si vuelve a aparecer  en el camino la misma piedra, se debe decir: ¡No, Gracias!, contigo ya aprobé mi curso de dolor, que desde luego: ¡Ya no pienso, ni tengo porque  repetir!
 


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